Las únicas izquierdas y derechas que nos sacarían del problema serían nuestras dos manos chambeando.

Mire nada más esta chulada:

LUZ VICTORIA Y MARÍA ELISA:

Ya es 2030. El plazo se ha cumplido. Ahora que tienen 28 y 26 años les quiero contar por qué hace tres sexenios anulé mi voto cuando voté por primera vez estando fuera de México para elegir a un Presidente de la República.

Mi decisión (y la de miles de Mexicanos) no cambió el rumbo ni los resultados de la elección presidencial de ese año. México siguió su curso político en el corto y mediano plazo, que es normalmente la distancia visceral y miope que históricamente estamos acostumbrados a ver para tomar decisiones como nación y como sociedad. Hubo gente que criticó duramente a quienes anulamos el voto en 2012, porque en su respetable visión, terminamos ‘ayudando’ a un partido y no a otro. Fuimos considerados anarquistas de sofá que a pesar de habernos levantado a votar por nadie, ‘conseguimos nada’, se dijo que solo hicimos ‘el ridículo’ y ayudamos a que ‘las cosas siguieran igual’.

Recuerdo incluso que se hablaba de que había que votar por el ‘menos malo’ o por el candidato que nos convenciera ‘más que los otros dos’. Nos criticaron por no ‘conocer’ a fondo sus propuestas, sus resultados en puestos anteriores, su estrategia o su estructura. Nos atacaron por no ‘ver’ que esos individuos no gobernarían solos y que había que votar por un ‘proyecto de gobierno’ que incorporaba en la decisión del voto a potenciales secretraios de estado y no únicamente a esos tres personajes grises y risibles (y que encarnaban cada quien en su estilo la tragicomedia política que vivía México en ese entonces) que contendían por la Presidencia. 

El punto es que pocos sabían que lo que se definió en 2012 con esa histórica anulación fue la elección de hace 6 años, la del 2024 y mucho de por qué hoy México no sólo ha acelerado el camino para ser una potencia económica mundial en 2050 sino una de las democracias más balanceadas del mundo, se debe a que fue una de las primeras veces que los ciudadanos nos dimos cuenta que las únicas izquierdas y derechas que nos sacarían del problema serían nuestras dos manos chambeando.

La anulación del voto en 2012 tuvo solo unas semanas de atención mediática (sobre todo internacional) que si bien no duraron mucho en medios sí se incrustaron en la conciencia colectiva ciudadana de quienes anularon y quienes estaban dudosos en anular o no. La anulación marcó a México desde lo civil hacia lo civil, no desde lo civil hacia lo político.

Pocos alcanzaron a ver que los que anulamos el voto en 2012, fundaríamos la base para que la clase política renovada y responsable que se ha ido haciendo presente en todos los partidos durante los últimos 5 años, se diera cuenta entonces que los ciudadanos se fueron convirtiendo por muchas razones en una fuerza política real cuyo silencio, cuya protesta y cuya acción fue poco a poco tomada más en cuenta. Muchas de las protestas y movimientos de hace casi quince años se desprendieron de aquel hartazgo ciudadano que se asomaba a todos niveles de la sociedad mexicana.

En 2012, aunque no lo crean, no había clase política en México. Muy pocos políticos (diputados, senadores, gobernantes) eran realmente representantes del interés ciudadano. La clase política mexicana había perdido todo el respeto del pueblo y de la comunidad internacional. Habíamos llegado a un climax de pestilencia generalizada que comenzó una de muchas limpias con esa anulación que insisto, no cambió cursos electorales, pero sí le dio un mensaje claro y concreto a la fuerza ciudadana para darse cuenta que podía mover piezas de las estructuras políticas cada vez más grandes. Para el 2024 ya no eran los partidos sino los ciudadanos quienes movían las piezas clave de la política en México. Doce años antes eso era inconcebible.

La foto de arriba es de Luz Victoria en la playa de Tuxpan, pero me recuerda a ustedes dos. A su fuerza y a su carácter desde que eran niñas, caminando hacia algo que no se alcanza a ver en la foto, pero que parece que tuvieran claro al caminar con esa determinación. Quiero que sepan que así fui a votar en 2012 y así anulé mi voto. Con la visión puesta en que México podía tener la chingonería de sistema político que ahora tiene, dos sexenios después de que apestaba.

Así de importante es tener una visión de largo plazo. No se les olvide, gane quien gane en la elección de 2030. Voten con el 2050 a la vista y construirán un México mejor.

—-

Vengo del futuro, y me encontré esta carta.”

Mario Valle (@bilbeny), cuando sea grande quiero ser como usted.

Tomado de su edición original en: http://aynoma.me/

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